segunda-feira, 13 de março de 2017

Amar o próximo sem esperar ser amado

Arq. Sofrônio e São Siluan

Não devemos nos importar o quê as pessoas pensam de nós, ou como eles nos tratam. Vamos deixar de ter medo de cair em desgraça. Amaremos nossos semelhantes sem pensar se eles nos amam. Cristo nos deu o mandamento de amar os outros, mas não fez dele uma condição de salvação que eles nos retribuam o amor. Na verdade, podemos ser positivamente desprezados pela independência do espírito. É essencial nestes dias proteger-nos da influência daqueles com quem entramos em contato. Caso contrário, corremos o risco de perder tanto a fé como a oração. Que o mundo inteiro nos ignore como indignos de atenção, confiança ou respeito - não importa, desde que o Senhor nos aceite. E vice-versa: não nos beneficiará se o mundo inteiro pensa bem de nós e canta os nossos louvores, se o Senhor se recusar a permanecer conosco. Este é apenas um fragmento da liberdade que Cristo quis dizer quando pronunciou as seguintes palavras: "Conhecereis a verdade, e a verdade vos libertará" (João 8.32). Nosso único cuidado será continuar na Palavra de Cristo, a fim de nos tornarmos Seus discípulos e deixarmos de sermos servos do pecado. "

pelo Arquimandrita Sofrônio de Essex


sábado, 11 de março de 2017

UMA BREVE HISTORIA SOBRE A ICONOSTASE






A iconostase (também chamada templon) é uma forma de separação entre a área do santuário da igreja e a nave. Ela distingue o altar (representando os Céus) da nave (representando o Paraíso), unindo-os e mostrando também que através da Encarnação o Pai “une todas as coisas em Cristo”.

Parece que todas as igrejas tinham tal separação nos primórdios do Cristianismo, tanto no Ocidente como no Oriente. No início era uma baixa parede, com por volta de 60 a 90 cm de altura.

Durante o início do período Bizantino até por volta do século nono, ela geralmente tomava a forma de colunas carregando placas escavadas entre tais colunas, exceto no centro, onde se valorizava a entrada (passagem). Estas telas eram quadradas ou retangulares, um pouco elevadas em relação ao nível da nave.

No Ocidente, as separações são geralmente como estas citadas, permanecendo ainda, no entanto, como paredes baixas, sem colunas, como podemos ver em várias antigas igrejas em Roma.

Logo depois da queda do Iconoclasmo em 843, os ícones em Bizâncio começaram a ser adicionados, e eram também, por muitas vezes, pintados nas pilastras da igreja.

No período posterior da igreja Bizantina (1261-1453) vemos ícones do Salvador, da Virgem e dos Santos, colocados nos espaços entre as colunas da própria parede. Este é realmente o nascimento da Iconostase que conhecemos, distinta da simples arquitetura que divide o santuário da nave.

Na Rússia, as iconostases – que têm a tendência de serem em madeira – atingem alturas elevadas, contendo até cinco fileiras de ícones.

Existem infinitas variações em design e material. Na Igreja Copta, por exemplo, a iconostase tradicionalmente é uma espécie de treliça em madeira. No tempos medievais, as igrejas europeias desenvolveram o crucifixo (referente à cruz que a sobrepõem), que pode estar localizada não somente em frente ao altar, mas também à esquerda para  definir o espaço do coro de uma Paraclisis (capela).


A partir do século XX surgiu uma tendência na Igreja Ortodoxa mais voltada as iconostases de baixo estilo, o que não nos impede de encontrarmos todos os tipos sendo realizados.








por Monja Rebeca

quinta-feira, 9 de março de 2017

Sobre o mistério do homem e do Deus-homem


Abba Justin foi uma pessoa profunda, multifacetada, semelhante a Cristo - um homem de estatura e amplitude Paulina, bíblica e patrística. Testemunhou da eterna Verdade pan-Ortodoxa, revelada por Deus e outorgada por Cristo, tanto através de sua vida como por meio de suas palavras, e em palavras e em pensamentos.


Para ele, todo cristão no Corpo de Cristo é "uma extensão da Encarnação de Cristo, da abrangente Economia de salvação do Deus-homem, da experiência do Deus-homem todo-abrangente: da incessante, voluntária e toda-graciosa Theantropização de si mesmo, da Cristianização de si mesmo".

Abba Justin a Vladika Atanasije (na altura, ainda Hieromonge)

por Vladika Atanasije

sábado, 4 de março de 2017

LA VENERACION DE LOS ICONOS - Domingo 1 de la gran cuaresma – Domingo de la Ortodoxia (Juan 1, 44-52)

En verdad os digo que veréis abrirse el cielo”

Las razones históricas de institucionalizar el “domingo de la ortodoxia” se encuentran en la victoria de la restauración de la veneración de los íconos en Constantinopla el 11 de marzo de 843, día que coincidió con el primer domingo de la cuaresma. Desde entonces, nuestra Iglesia lo celebra en dicho domingo. Además, la denominación de “ortodoxia” que se afectó a este domingo designa un contexto más allá de lo histórico, o sea el dogma que se cristalizó en el VIIº Concilio Ecuménico en Nicea en 787 sobre la veneración de los íconos. A la victoria - que se anunció después de haber pasado varias décadas llenas de guerras y persecuciones por parte de los emperadores bizantinos contra la Iglesia, y también llenas de mártires -, no le concierne un dogma en particular, sino todos los dogmas de la Iglesia proclamados en los concilios ecuménicos anteriores. Esta victoria selló, en realidad, todos los dogmas y los confirmó. Así, la veneración tuvo como base los dogmas de la Santa Trinidad y de la Encarnación declarados en concilios anteriores.

Nuestra Iglesia da a este día un carácter festivo particular. Es conocida la procesión de los santos íconos, al finalizar los maitines (o, por razones pastorales, en la liturgia). En la procesión, se hacen letanías cortas en los cuatro puntos cardinales de la Iglesia, y se lee el “Sinodikon de la ortodoxia”, o sea textos referidos a quienes defendieron la fe a través de toda la historia de la Iglesia, y también a quienes blasfemaron contra ella. Se trata de proclamar nuestra adhesión a la fe de los primeros y el rechazo de la creencia de los segundos y su excomunión (anatema) de la Iglesia. Así, por ejemplo, se proclama la excomunión de los que no creen en la resurrección de los cuerpos.

La práctica de la veneración de los íconos fue defendida por San Juan Damasceno (+749). Su argumentación principal pivotó sobre que el Verbo de Dios se encarnó y se volvió visible. Si el Antiguo Testamento prohibió representar a Dios: “No te harás esculturas ni imagen alguna… No te postrarás ante ellas” (Éxodo 20:4; 5), esto era por el miedo de confeccionar una imagen o una escultura de Dios. Nosotros no hacemos esto; tampoco representamos la esencia de Dios. Sino que, después que el Verbo de Dios tomó un cuerpo humano, podemos representarlo en su humanidad visible. No hay peligro de caer en la idolatría, ya que justo en el mismo concilio insistió acerca de que no se ofrece una adoración, sino una veneración del ícono. La veneración no concierne a la materia de la cual está constituido el ícono, sino que “es transmitida a su principal prototipo”, según la expresión de San Basilio el Grande (+379), o sea a la persona representada en el ícono (El Señor, la Virgen, los santos).

El ícono defiende el misterio de la encarnación. Quien lo acepta ha confesado su aceptación de los siete Concilios Ecuménicos. Su veneración forma parte de toda la Ortodoxia. No cabe duda de la importancia del ícono en nuestro culto. Además de la enseñanza escrita, los íconos constituyen la enseñanza gráfica. Por ellos y junto con las oraciones, se trasmitió nuestra fe de generación en generación. Los íconos siempre ocuparon su lugar de privilegio en las iglesias ortodoxas, como si la iglesia fuera un solo gran ícono: la iglesia no conoció una sola pared desnuda, sino que la iglesia es un conjunto de íconos colgados en las paredes. Desde nuestros templos salió el ícono a nuestras casas, debido a que nuestra casa es una “iglesia doméstica”.


El ícono trae al alma orante la presencia de tal o cual santo. En varios lugares, es común que cada ortodoxo tenga el ícono de su propio santo patrono. El ícono jugó un rol importante durante los períodos de persecuciones. Por ejemplo, en Europa del este, la mayoría de la Iglesias fueron cerradas después de 1917, pero el ícono permaneció como vínculo entre la familia y la fe ortodoxa. Siempre el ortodoxo lleva en su bolsillo, en su portafolio o en su valija un ícono que lo acompaña en sus viajes. Para los ortodoxos, besamos el ícono del Señor como si lo besáramos a Él. Es una forma de vivir una cierta familiaridad con Él. Si bien el ícono es una ventana abierta entre Dios y nosotros, pero no es la única. El conjunto del culto, si se practica, será un punto de encuentro con el Señor.

Sin embargo, la importancia del ícono no se termina aquí, porque es una ventana para ver el ícono del Señor sobre todo rostro. Indignarte de la conducta de alguien o de su reproche, estar en situación conflictiva con él, etc., desfigura, en tus ojos, la imagen de Dios en él. La vida espiritual aspira a ver siempre la belleza espiritual que se halla en todo hombre: si te acostumbras a ver bello a tu prójimo, te volverás bello; y si te conduces amablemente con alguien, tu alma se volverá amable. Pero, si muestras dureza en tu comportamiento, tu corazón se volverá duro; o si juzgas a los demás, tu opinión acerca de su conducta generará que tu corazón se vuelva yermo. El ícono de Dios en los demás es un dogma. ¡He aquí el cumplimiento de nuestra fe! Amén.

+Metropolita Siluan

terça-feira, 14 de fevereiro de 2017

Conversão à Ortodoxia


Arq. Placide Deseille

Eis algumas palavras do Rev. Arquimandrita Placide Deseille, monge atonita e teólogo renomado, convertido do seio da Igreja de Roma a tradição plena da Única Igreja de Cristo:


Decerto, somos mesmo bem “convertidos”, no sentido de termos passado da Igreja Romana – para com a qual guardamos uma gratidão imensa por tudo que dela recebemos no seio de nossas famílias e do povo cristão que nos carrega a tanto tempo (povo francês) – a Igreja Ortodoxa.  No entanto, esta Igreja Ortodoxa não é simplesmente uma Igreja “oriental”, uma expressão oriental da fé cristã: ela é a Igreja de Cristo. O essencial de sua tradição foi a transmissão comum de todos os cristãos durante os primeiros séculos, e entrando em comunhão com ela, não fazemos nada mais do que retornar a esta fonte. Não “trocamos de Igreja”: somente desejamos entrar na plenitude original da única Igreja de Cristo.  Sentimos plenamente o número destes cristãos do ocidente que “pedem para serem admitidos na Igreja Ortodoxa, sem renegarem, todavia, que o ocidente, e mais particularmente suas pátrias, antes e depois da separação e do cisma, trazem a marca do Espírito de Deus que sopra lá onde Ele quer”.


Depois de se fazer batizar nas águas da Santa Ortodoxia, no Santo Monastério atonita de Simonos Petra na Santa Montanha, em companhia de mais dois irmãos em Cristo, recebe o doce consolo por parte de um Ancião renomado (Padre Gelásios) … as seguintes palavras:


Vós não sois católicos romanos convertidos a Ortodoxia grega. Vós sois cristãos do ocidente, membros da Igreja de Roma que regressaram a comunhão com a Igreja universal. Isto é muito maior e mais importante.

quinta-feira, 15 de dezembro de 2016

A forca de Ortodoxia hoje


A forca da Ortodoxia esta em sua Tradicao biblica-patristica, tanto de forma dogmatica como liturgica; mas somente sob a condicao de que esta Tradicao seja interpretada de uma maneira que a torne relevante as necessidades essenciais da humanidade.
Teologia eh e sera, cada vez mais, a condicao sine qua non para sobrevivencia da Igreja Ortodoxa no novo milenio. Desde que o Logos tornou-Se encarnado e nosso dia-Logos interpessoal entre Deus e o mundo, a teologia ortodoxa nao deve temer o dialogo com cultura alguma. Este eh o unico caminho para afirmar sua singular importancia e indispensabilidade. Assim, se tomamos tudo isto em consideracao podemos responder muito mais facilmente a questao de como nossa educacao teologica ortodoxa pode vir a ser algo e ter uma relacao com nossa cultura. Nossa educacao teologica e cultural devem existir no proprio intetior desta cultura, para o beneficio da humanidade. Tal coexistencia, todavia, deve apresentar alguns aspectos positivos. Ao interrompermos o monologo ortodoxo, devemos buscar nao fazer da teologia algo de simplesmente esoterico que tem a ver com pessoas esotericas, mas antes devemos relaciona-la com a cultura de nosso tempo, de uma maneira tanto tradicional como inovadora. Nossa grande realizacao sera se conseguirmos contribuir a uniao entre a tradicao ortodoxa e nossos tempos. Precisamos muito disto na Igreja Ortodoxa, e isto nao eh nada de tao radical assim...o quanto possa parecer.
Por conta disso, o objetivo mor de nossa teologia no novo milenio sera a „sintese neo-patristica“, que significa uma busca profunda pelo significado existencial da teologia dos Santos Padres da Igreja e, doravante, uma sintese da mesma. E se nosso caro Arcipreste Florovski pos os primeiros principios  de maneira clara e precisa, alicercando os fundamentos desta ecumenica e neo-patristica teologia ortodoxa, somos obrigados a desenvolve-los no porvir. Isto implica um encontro  tanto com a mente antiga como com a moderna. Nao eh um entendimento facil na corrente confusao teologica da qual somos vitimas hoje, onde verdadeiras aspiracoes a serios pensamentos teologicos sao substituidas por slogans teologicos e muita loquacidade religiosa. Podemos construir sobre as fundacoes acima mencionadas com zelo construtivo e criativo, mas nao por meio de imitacoes ou copia. A questao crucial, entao, nao eh se a teologica neo-patristica, moderna, pode adotar certos conceitos cultural-filosoficos, mas antes suas tentativas hermeneuticas e epistemologicas, baseadas em Tradicao biblica-patristica, representam o unico caminho correto a estabelecer um dialogo criativo com a cultura post-moderna, e se tais atitudes justificam varias expressoes modernas tanto culturais como filosoficas na humanidade moderna. Com a correta interpretacao dos dogmas a luz das preocupacoes existenciais de hoje e de amanha, a cultura ortodoxa, encontrando-se no fim de uma cultura historica moldada pela Iluminacao, deve apresentar-se como uma alternativa a cultura do pluralismo e, como tal, deve ser proclamada por todos aqueles que compartilham seus tesouros.


pelo Bispo Maksim Vasiljevic